La Universidad Nacional de Singapur, DayOne y Cortical Labs han puesto en funcionamiento un prototipo formado por 20 ordenadores biológicos CL1. Cada unidad contiene al menos 200.000 neuronas humanas cultivadas en laboratorio y conectadas a chips de silicio mediante electrodos.
Al utilizar materia viva para procesar información, el proyecto abre una nueva etapa en la computación. En lugar de utilizar exclusivamente procesadores fabricados con silicio, incorpora neuronas humanas vivas cultivadas en laboratorio, conectadas mediante electrodos a sistemas electrónicos y utilizadas para procesar información.
El proyecto está instalado en el Life Sciences Institute de la National University of Singapore (NUS) y ha sido desarrollado por la Yong Loo Lin School of Medicine de la universidad, la compañía de centros de datos DayOne y la empresa australiana de computación biológica Cortical Labs.
La instalación reúne 20 ordenadores biológicos CL1 desarrollados por Cortical Labs en un único rack. NUS Medicine define el conjunto como el primer rack de servidores biológicamente integrado capaz de operar de forma independiente y lo considera el prototipo de un futuro Biological Data Centre.
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La instalación fue mostrada públicamente el 6 de agosto de 2026 ante más de 80 representantes del mundo académico, tecnológico, empresarial y de las infraestructuras digitales. Durante la presentación se realizó una demostración en directo de los sistemas CL1 y Cortical Cloud, de su integración mediante matrices de microelectrodos y de la actividad de las redes neuronales en tiempo real.
La historia resulta especialmente llamativa porque las neuronas no constituyen una simulación informática del cerebro. Son células humanas vivas.
Cuatro millones de neuronas
Cada uno de los 20 ordenadores CL1 contiene al menos 200.000 neuronas cultivadas en laboratorio, según la información recogida por el programa de Neurociencia de NUS Medicine. Eso permite establecer una cifra mínima de aproximadamente cuatro millones de neuronas en el conjunto de la instalación.
Las células se obtienen a partir de células humanas reprogramadas como células madre y posteriormente diferenciadas para producir neuronas. El cultivo y crecimiento de las células del proyecto se realiza bajo la supervisión de Rickie Patani, profesor de Neurociencia de NUS Medicine, director del Neurobiology Programme del NUS Life Sciences Institute y responsable del Neuroscience Translational Research Programme de la universidad.
El funcionamiento del CL1 combina biología y electrónica. Las neuronas crecen sobre chips especialmente diseñados y se comunican con el sistema informático mediante matrices de microelectrodos. Estos electrodos permiten enviar señales eléctricas a las células y registrar posteriormente su actividad.
La comunicación funciona, por tanto, en ambos sentidos. El sistema digital proporciona estímulos eléctricos a las neuronas y la red neuronal responde generando su propia actividad eléctrica, que puede ser capturada e interpretada por el ordenador.
Computación biológica
Cortical Labs denomina a esta combinación de células vivas y sistemas informáticos computación biológica y presenta el CL1 como el primer ordenador biológico comercial en el que los desarrolladores pueden desplegar código directamente sobre redes de neuronas cultivadas.
La compañía utiliza además un sistema denominado Biological Intelligence Operating System, biOS, que permite establecer la interacción entre el entorno digital y la red neuronal. En lugar de simular matemáticamente el funcionamiento de una neurona, como sucede en las redes neuronales utilizadas por la inteligencia artificial, el sistema trabaja directamente con células biológicas.
Es una diferencia fundamental. Una red neuronal artificial está formada por estructuras matemáticas ejecutadas mediante procesadores. En el CL1, una parte del procesamiento se produce mediante neuronas reales conectadas a la electrónica.
Cortical Labs resume su tecnología como la unión de neuronas cultivadas en laboratorio con chips de silicio. Las células forman una red sobre el chip, reciben información mediante señales eléctricas y generan respuestas que pueden utilizarse dentro del sistema computacional.
Del hardware y el software al wetware
La aparición de estos sistemas introduce una tercera categoría en el vocabulario informático. Junto al hardware y el software aparece el denominado wetware, un término utilizado para describir componentes biológicos vivos integrados en sistemas de computación.
NUS Medicine utiliza expresamente este concepto para explicar su Biological Data Centre. La universidad señala que la infraestructura utiliza neuronas biológicas vivas derivadas de células madre para procesar información y apoyar sistemas de inteligencia artificial.
Aunque el ordenador biológico continúa necesitando chips, electrónica y software, la diferencia es que incorpora una capa adicional formada por células vivas. La arquitectura resultante es híbrida, ya que biología y silicio trabajan conjuntamente dentro del mismo sistema.
La computación tradicional ha utilizado durante décadas materia inerte y electricidad para realizar operaciones. La computación biológica introduce materia viva dentro de esa ecuación.
Aprender a utilizar neuronas que aprenden
El origen de Cortical Labs está relacionado precisamente con el aprendizaje neuronal. La compañía lleva años investigando cómo redes de neuronas cultivadas pueden interactuar con entornos digitales y modificar su comportamiento en respuesta a los estímulos que reciben.
Uno de los experimentos más conocidos de Cortical Labs es DishBrain. El experimento se realizó inicialmente en 2021 y sus resultados fueron publicados en 2022, en la revista científica Neuron. Los investigadores cultivaron redes de neuronas humanas y de roedores sobre matrices de microelectrodos de alta densidad y las integraron en un entorno digital que simulaba el videojuego Pong. Mediante estimulación eléctrica y registro de la actividad neuronal, establecieron un circuito cerrado en el que las redes recibían información sobre el entorno y modificaban su actividad durante la tarea.
La pelota existía únicamente dentro de un entorno digital. La posición del objeto se comunicaba a las células mediante estímulos eléctricos y la actividad neuronal se utilizaba para controlar la pala virtual. Con la retroalimentación proporcionada por el sistema, la actividad de las redes neuronales cambiaba progresivamente durante la tarea.
Aquellos experimentos mostraron la posibilidad de crear un circuito cerrado entre células vivas y un mundo digital. El CL1 intenta convertir ese principio experimental en una plataforma de computación accesible mediante software. La empresa permite actualmente utilizar estas redes de forma local mediante el CL1 o acceder remotamente a ellas mediante Cortical Cloud, una plataforma que ofrece a investigadores y desarrolladores la posibilidad de ejecutar experimentos sobre neuronas reales sin disponer de un laboratorio propio.
¿Para qué sirve un ordenador biológico?
La gran pregunta es qué tareas puede realizar mejor una red neuronal biológica que un procesador convencional o un sistema de inteligencia artificial. Cortical Labs sostiene que la principal ventaja potencial se encuentra en problemas donde existen pocos datos y es necesario aprender y adaptarse rápidamente a condiciones cambiantes. Entre las áreas que la compañía pretende investigar aparecen el descubrimiento de medicamentos, la robótica humanoide, la ciberseguridad y la detección de fraude.
NUS Medicine contempla además aplicaciones relacionadas con la investigación neurológica. Trabajar con redes de neuronas humanas dentro de entornos controlados podría permitir estudiar directamente procesos relacionados con aprendizaje, adaptación, enfermedades neurológicas y respuesta a medicamentos.
Rickie Patani considera que esta combinación permite investigar simultáneamente dos cuestiones: nuevas formas de computación y los mecanismos biológicos que permiten aprender y adaptarse.
Esta doble condición convierte a la computación biológica en un campo situado en la intersección entre informática, neurociencia y biotecnología. El mismo sistema que puede investigarse como arquitectura computacional puede utilizarse también como plataforma experimental para estudiar el comportamiento de redes neuronales humanas.
Eficiencia energética
Uno de los argumentos principales utilizados por NUS Medicine, DayOne y Cortical Labs para impulsar esta tecnología es su potencial eficiencia energética. Los sistemas biológicos son capaces de realizar procesos complejos utilizando cantidades extraordinariamente pequeñas de energía, algo especialmente atractivo en un momento en el que el crecimiento de la inteligencia artificial está aumentando las necesidades eléctricas de los centros de datos.
NUS Medicine sostiene que la computación biológica podría operar utilizando una fracción de la energía requerida por los ordenadores digitales en determinadas tareas. DayOne también presenta el proyecto como una vía para explorar nuevas formas de aumentar la capacidad computacional reduciendo al mismo tiempo la intensidad energética.
Sin embargo, esa ventaja debe considerarse por ahora una hipótesis tecnológica que necesita ser medida mediante comparaciones equivalentes. Las neuronas pueden presentar una extraordinaria eficiencia biológica, pero un ordenador como CL1 también necesita electrónica y sistemas capaces de mantener las células en condiciones adecuadas. Para determinar la eficiencia real será necesario comparar consumo, rendimiento y tipo de carga computacional utilizando criterios homogéneos.
La eficiencia energética es, por tanto, una de las grandes promesas del proyecto, pero todavía no existe evidencia independiente suficiente para convertirla en una superioridad general demostrada frente a la computación convencional.
Un centro de datos que necesita alimentar sus células
La presencia de tejido vivo introduce además necesidades que no existen en un servidor convencional. Las neuronas necesitan nutrientes y unas condiciones ambientales determinadas para sobrevivir. Según la descripción publicada sobre la instalación de Singapur, los técnicos proporcionan periódicamente a las células una mezcla de nutrientes y utilizan sistemas de soporte para mantener las condiciones necesarias para su supervivencia. La computación empieza así a adquirir literalmente un componente biológico.
El rack instalado en NUS forma parte de una estrategia más amplia de DayOne y Cortical Labs. Ambas compañías anunciaron en marzo de 2026 su intención de utilizar esta primera fase para validar la tecnología y estudiar posteriormente su implantación dentro de una instalación comercial de DayOne en Singapur.
DayOne considera que Singapur ofrece un entorno especialmente adecuado para estas pruebas debido a la combinación de capacidad científica, industria tecnológica y fuertes restricciones sobre el consumo energético asociado a la expansión de los centros de datos.
Cortical Labs también ha dejado clara su intención de identificar aplicaciones comerciales. Su fundador y consejero delegado, Hon Weng Chong, considera que la computación biológica podría complementar a la inteligencia artificial en ámbitos donde existen pocos datos y resulta importante aprender y adaptarse a condiciones cambiantes.
La compañía pretende utilizar Singapur como banco de pruebas de un modelo que, si funciona, podría posteriormente reproducirse y escalarse en otros lugares.
Una parte del ordenador está viva
El proyecto de Singapur representa un cambio conceptual profundo en la historia de la informática. Durante décadas, la biología ha servido de inspiración para construir máquinas. Las redes neuronales artificiales que sustentan buena parte de la inteligencia artificial contemporánea nacieron precisamente de la intención de reproducir matemáticamente algunos principios extremadamente simplificados del funcionamiento neuronal.
La computación biológica recorre ahora el camino inverso y en lugar de limitarse a imitar mediante software determinadas propiedades de las neuronas, incorpora neuronas reales dentro de la arquitectura computacional.
No significa que estos sistemas posean un cerebro ni que las redes utilizadas actualmente tengan conciencia. Las células empleadas en el CL1 forman redes neuronales cultivadas y conectadas a sistemas electrónicos para estudiar aprendizaje y procesamiento de información. Pero la materia que participa en el proceso computacional está viva.
En el Life Sciences Institute de la Universidad Nacional de Singapur existe ya un rack con 20 ordenadores CL1 en el que millones de neuronas humanas cultivadas intercambian señales eléctricas con chips de silicio.
La informática nació utilizando máquinas para procesar información. Después consiguió construir máquinas capaces de aprender mediante inteligencia artificial. La computación biológica abre una tercera posibilidad, que es la de utilizar directamente sistemas vivos como parte de la infraestructura informática.

