Mientras la Filosofía debate profundamente distintos finales vinculados -del progreso, del futuro, de la planificación, etc.- hay actores que siguen intentando colonizar el futuro. Sin duda, uno de ellos es el magnate tecnológico Elon Musk. Por supuesto, se trata de un futuro a su manera, de cuyo programa ha venido dando públicas manifestaciones desde hace aproximadamente un año.
Colonizar el futuro
Como todo futuro, es algo imaginario tirado por el motor de conceptos, de ideas. Eso sí, un futuro que actúa sobre el presente y las decisiones del ahora. Un imaginario cuyo concepto vertebral es el de autonomía centralizada. Concepto que, desde la perspectiva Blockchain, tiene aspecto de oxímoron. Pero concepto en el que cabe el propio Blockchain. Eso sí, más como herramienta, que como guía paradigmática. Pues el paradigma de Musk es el de la autonomía centralizada.
El programa de actuación reciente de Elon Musk consiste en la transformación de sus empresas hacia la inteligencia artificial (IA) y la robótica, destacando el inicio de la producción del robot Optimus en la planta de Fremont, la fusión e incursión de xAI, la creadora de Grok, dentro de SpaceX, y el plan de inversión de Tesla superior a los 25.000 millones de dólares estadounidense.
Es un programa, ya puesto en marcha, en el que Tesla deja de ser exclusivamente un fabricante de vehículos eléctricos, para reestructurarse en una compañía de IA y robótica. Asi, la línea de ensamblaje de los modelos S y X en Fremont ha sido sustituida para producir en masa el robot humanoide Optimus Gen 3.
Red de computación
Además, la empresa está invirtiendo fuertemente en su red de computación, para impulsar la conducción autónoma (FSD) y la fabricación de los chips de IA en Texas. Tómese en cuenta cómo el objetivo de la conducción autónoma obsesiona a la marca automovilística de Musk desde hace bastantes años, buscando que se identifique Tesla con la misma. También se va dejando ver de qué tipo de autonomía se trata, cuando hablamos de autonomía centralizada. En buena parte -aunque no solo- es la autonomía de las máquinas.
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El gran movimiento estratégico en pos de ese futuro ha sido la adquisición e integración de la startup de IA de Musk (xAI) dentro de SpaceX. Esta combinación ha permitido a SpaceX posicionarse en el mercado como un gigante tecnológico centrado en la fabricación de cohetes espaciales (Starship) y en el procesamiento a gran escala de IA, permitiendo rentabilizar su infraestructura de conectividad satelital Starlink y servicios de computación.
Llevar la fuente de esa energía a los cielos
Musk ha logrado imponer la idea de que, ante el alto coste energético en y de la Tierra que conlleva los procesamientos a gran escala de IA, la solución es llevar la fuente de esa energía a los cielos. Tal vez lo único que se consiga sea trasladar de sitio el problema energético; pero la idea parece potente y viene avalada por un halo de sostenibilidad.
En línea con tal programa de futuro, Musk ha anunciado el proyecto Terafab. Se trata de una enorme planta de fabricación de chips de IA de última generación ubicada en el campus de Tesla en Austin, Texas. En principio, para consumo interno: para los referidos automóviles autónomos, robots humanoides y sus centros de datos.
El proyecto, valorado en unos 20.000 millones de dólares estadounidenses, es ya una iniciativa conjunta entre Tesla, SpaceX y xAI. Tiene como meta producir un teravatio de potencia informática al año para reducir la dependencia de proveedores externos. Dejar de depender de gigantes tecnológicos como TSMC o Samsung. En especial, de proveedores chinos, por lo que aquí entra también la perspectiva geopolítica. El escenario del que parte Musk para llevar a cabo esta decisión es el siguiente: la producción global actual de chips de IA solo cubriría una pequeña parte de las necesidades futuras de sus compañías.
Una autonomía centralizada en las decisiones de Musk
Es evidente cómo nuevamente aparece la autonomía, en este caso productiva, como principio motriz. Es cierto que, también, junto a otros principios, como el de internalizar procesos, reducir costes y no depender del mercado. De hecho, el movimiento suena mucho al artículo del premio Nobel de Economía Ronald Coase, de 1937, sobre la naturaleza de la empresa.
A destacar el hecho de que, con este programa, parece certificarse la vuelta a las estrategias empresariales de internalización de procesos y costes, después de un largo período dominado por las estrategias empresariales de externalización. Ello en pos de la autonomía o la no dependencia. Eso sí, una autonomía centralizada en las decisiones del empresario. Alguien que no puede olvidar los problemas de provisión por los que en distintos momentos ha llegado a pasar Tesla, como los sucedidos con la batería 4680 para integrarla en su producción masiva de automóviles.
Macrohard y Microsoft
Acabando la muestra de nuevos proyectos dentro del programa de autonomía centalizada, se encuentra el proyecto de IA Macrohard. Un nombre de proyecto que ha sido tomado como una burla a Microsoft (Micro-Macro y soft-hard). Ya saben cómo se las gasta el personaje. En Macrohard trabajan conjuntamente Tesla y xAI. Busca automatizar completamente y simular el funcionamiento de empresas de software mediante agentes digitales autónomos. En el horizonte: crear una empresa como la propia Microsoft funcionando autónomamente.
Para lograrlo, sitúa a Grok, el modelo de lenguaje desarrollado por xAI, como una especie de cerebro encargado del razonamiento estratégico, la planificación a largo plazo y la toma de decisiones en estas empresas autónomas. Por su lado, los agentes de IA de Tesla, Digital Optimus, analizan pantallas y ejecutan tareas rápidamente tareas a través del teclado y el ratón. Son los “agentes de IA machaca”. El objetivo de este proyecto es reducir drásticamente el coste de crear software, permitiendo que miles de agentes digitales colaboren en red para realizar trabajos de desarrollo, soporte y estrategia sin intervención humana. Agentes que trabajan autónomamente. Eso sí, bajo supervisiones muy centralizadas.
La megafábrica de semiconductores Terafab
Se trata de un programa de futuro ambicioso. Hasta desafiante. Al que no han faltado críticas. Sobre la megafábrica de semiconductores Terafab, se ha dicho que el gasto de capital para concentrar la cadena de suministro en un solo lugar y construir una planta de semiconductores desde cero va mucho más allá de 50.000 millones de dólares estadounidenses. Si ya esta cantidad es astronómica, los críticos señalan que los gastos del proyecto llevarían a gastos mega-astronómicos. Aquí todo es a lo grande. Además, se señalan problemas que precisamente ponen en duda la autonomía para arrancar. Se destaca la dependencia de maquinaria litográfica avanzada y de una mano de obra muy especializada, que es escasa.
Con respecto a la primera objeción, Musk ha entrado en contacto con ASML. Se trata de una empresa holandesa que fabrica las máquinas de litografía EUV, equipos que usan luz extrema para dibujar patrones diminutos en los chips más avanzados. Según ASML, esta tecnología hace posible la producción masiva de los microchips más punteros.
Con respecto al segundo problema y aun cuando los patrones de movilidad territorial de la fuerza laboral es muy distinta en Estados Unidos que en otros países, como la propia España, se considera que esos trabajadores muy cualificados son especialmente escasos en el territorio de ubicación de la fábrica, Texas. Pero, nuevamente en busca de la referida autonomía centralizada, ya está entre los planes de Musk crear una universidad propia especializada en el ya popular STEM: estudios de ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas.
Chips con un menor coste que los de Nvidia
Por otro lado, se pone el acento en que la fabricación de los chips por parte de Musk puede tardar años, mientras otras empresas siguen estando en la innovación de estos chips de nueva generación, como los prometidos por Musk. Si se trata solo de autonomía y fabricar chips para sus productos, el que haya en el mercado otros chips más baratos y más avanzados puede ser un problema. Aunque un problema relativamente menor, al que el empresario residente en Texas ha respondido que los suyos serán más potentes y a un menor coste que los de Nvidia.
El problema es mayor si la idea de Musk es vender directamente chips a otras empresas, en lugar de venderlos a sus clientes integrándolos en sus productos. Aquí puede tener competencia y la propia Nvidia ha presentado sus nuevos modelos de chips, que trabajan como un superordenador integrado. Se llaman Vera Rubin NVL72 y prometen diez veces más rendimiento de inferencia por vatio que Blackwell, la familia de chips de Nvidia diseñada específicamente para IA generativa.
Las principales críticas con respecto al proyecto Macrohard se han centrado en dos aspectos: el regulatorio y el técnico. Por el primero, se apuntan las restricciones regulatorias a tal autonomía productivo-empresarial de la IA en muchos territorios. Desde el segundo, la preocupación de los críticos se centra en que replicar el valor, el ecosistema y la confianza empresarial, que requiere la producción de software complejo, es mucho más difícil que automatizar tareas aisladas. Cabe figurarse que tal autonomía empresarial de decisiones y tareas estaría compensada por la centralización en la confianza en el propio Elon Musk.
Críticas
Supongo que tales críticas afectan poco a Musk. De semejante estilo las recibió cuando planteaba cosas como cohetes espaciales reutilizables o producción masiva de automóviles completamente eléctricos. ¡Y ahí está!
Otra cuestión que aquí nos preocupa es el papel de otras tecnologías, además de la IA, en tales proyectos. Es el caso de blockchain. Algo parece claro siguiendo las manifestaciones de Musk, blockchain no ocupa un lugar paradigmático en proyectos como Terafab o Macrohard. Sin embargo, tiene cabida de manera instrumental.
Terafab es principalmente un proyecto de integración vertical y centralizada para la fabricación de hardware para la IA. Sus principales tareas concretas son: diseñar chips para IA, fabricarlos, empaquetarlos o integrarlos en los otros productos del conglomerado Musk e implementarlos en centros de datos IA. Es decir, su foco está en lo que podría considerarse la base física de la IA. No en ledgers distribuidos o el ecosistema cripto. En el proyecto Macrohard, no hay sombras de blockchain no de contratos inteligentes. Sin embargo, en ambos proyectos puede tener su papel.
Blockchain y el seguimiento de la cadena de suministro de los chips
Con respecto a Terafab, blockchain puede hacer el seguimiento de la cadena de suministro de los chips fabricados. Con relación a Macrohard, la potencial utilidad aumenta: para la identidad y autentificación de los agentes autónomos de IA, registros de auditoría capaces de crear historiales de las acciones de la IA a prueba de manipulaciones o facilitar el pago entre máquinas -machine-to-machine- donde los robots o los agentes de IA puedan pagarse entre sí, por los servicios prestados. En todo caso, quedaría integrado en un modelo centralizado. En lo que hemos denominado autonomía centralizada.
El concepto de autonomía centralizada no ha sido nunca usado por Musk. Pero puede ser útil para describir el futuro que quiere construirnos. Combina ideas opuestas. Por un lado, infraestructura como fábricas, datos, chips o modelos de IA son propiedad de pocos y están controlados por un número relativamente pequeño de puestos en la macro-organización empresarial de Musk. Por otro lado, millones de máquinas -coches, robots, cohetes espaciales, fábricas, etc.- operando independientemente, decidiendo independientemente. También empleados a los que se conmina a tomar decisiones de manera autónoma.
Un modelo de autonomía centralizada
A resolver autónomamente los problemas que surjan. De hecho, este es un criterio básico en los procesos de selección de personal de Musk: dar prioridad al desempeño, los problemas que se han solucionado durante la trayectoria profesional, sobre el CV que registra puestos ocupados o formación; observar la capacidad para la resolución de problemas, que mostrar el certificado universitario de calificaciones.
Un modelo de autonomía centralizada bajo la lógica de una inteligencia centralizada que crea comportamientos autónomos descentralizados. Podemos representarnos el ecosistema Musk como una pirámide. En el vértice superior, los modelos de IA, como Grok y sus sucesores. Estos ordenan los centros de datos masivos de IA, a través de millones de chips de IA. A su vez, estos controlan la producción de semiconductores en las plantas de Terafab, productos que se integran en los modelos de millones de máquinas autónomas con las marcas Tesla, Optimus, SpaceX, X o xAI. La inteligencia se desarrolla en un solo sitio, pero es implementada en muchos sitios.
El modelo de IA propuesto requiere una computación centralizada. En especial, porque entrenarlo es muy caro, pues exige millones de chips de IA, enorme cantidad de energía eléctrica, cantidades gigantes de datos y miles de ingenieros. Parece que una organización centralizada, financieramente y en sus decisiones, puede abordar gestión de tal tamaño.
Musk, un colono del futuro
Ahora bien, una vez que el modelo de IA es entrenado, puede implementarse la autonomía: coches autónomos, fábricas, satélites, cohetes, robots humanoides. Cada máquina toma decisiones locales, sin preguntar a un humano qué hacer cada segundo. Es para esta autonomía para la que los chips de IA son imprescindibles. Son su fundamento material. Sin ellos, no son posibles modelos de lenguaje que sean útiles, ni robots autónomos, ni coches autoconducidos, ni fábricas inteligentes. De aquí que Terafab ocupe un lugar estratégicamente importante.
Una organización donde, sobre ese vértice, está la figura de Musk controlando el diseño y fabricación de chips, la manera en que se entrena la IA, la implementación de la IA y el desarrollo de sus productos robóticos. La integración vertical aparece con una sola mirada, la de Musk, atento al ciclo puesto en marcha: más robots diseñados por la IA producen más datos; que mejoran la IA, que, a su vez, hace así mejores robots… y así sucesivamente. Frente a la autonomía del mercado y el automatismo del capitalismo, la autonomía centralizada. ¿Se sorprenderá que le cataloguen entre los libertarios autoritarios? Seguro que le da igual. Es un colono del futuro.

