Las stablecoins son el dinero ultraprocesado adaptado a una economía globalizada. Cuando distintos activos parecen tambalearse, incluidas las cripto, ahí está el paso firme y estable, como su nombre indica, de las stablecoins. Un paso fuerte que se impone por la lógica de la eficiencia y por inscribirse en la evolución lógica del dinero. Y es que las stablecoin son, al dinero, lo mismo que los alimentos ultraprocesados a nuestra alimentación diaria. Todo el mundo reniega de ellos, pero nos dan soluciones eficientes en el día a día. Por eso, están ahí, en el uso de la gente.
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Las stablecoins y el dinero
Una lógica de la eficiencia arraigada especialmente en las transferencias globales. Para ese creciente número de pequeños y medianos actores de la economía global, que han de pagar o recibir dinero poniendo en conexión distantes puntos del planeta, la stablecoin es la solución más a mano, eficiente y con poco coste. Pagar o ser pagado por un servicio o un bien de forma prácticamente inmediata, con tarifas muy bajas por la operación. Esa es la solución que dan, como alternativa a los dos o tres días que ha de esperarse con la tradicional transferencia bancaria y unas tarifas, que, a la hora de hacer balance anual, muestran un opaco agujero por el que se van los fondos.
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Las stablecoins se utilizan fundamentalmente para eso. Para pagar e ingresar. Como dinero. Un dinero que cumple con el principio general del dinero. Es decir, que circula bien, porque se recibe bien. Porque quien lo recibe sabe que otros, en sus transacciones futura, no le pondrán problema para recibirlo. Circula bien, porque se recibe bien. Se recibe bien, porque circula bien.
La eficiencia de las stablecoins
Ya no digamos el carácter operativo que tienen las stablecoins en países que, con una elevada inflación, se constituyen en reservas de valor. Países en los que las stablecoin no solo son aceptadas por los comercios, sino que son buscadas por las propias tiendas. Las stablecoin son más garantía de futuro, que la propia moneda del país. En especial, si tales comercios necesitan importar mercancía directamente.
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Las stablecoins adelantan por el carril de la eficiencia, constituyéndose en instrumento de confianza. Pues, con independencia de su material, la confianza es la energía que hace circular los dineros concretos. Sean conchas de mar o dinero digital. Y las stablecoin funcionan porque la gente tiene confianza en ellas.
Junto con la comida, la gran fuente de angustia para las comunidades humanas ha sido el intercambio, las transacciones con sujetos de otras comunidades. La ansiedad derivada de si lo que se recibía, a cambio de lo que se daba, tenía el valor que decía tener quien “pagaba por lo nuestro” y, a la vez, podía ser admitido por otros, si nos decidíamos a, a su vez, cambiarlo por otra cosa. En pequeñas comunidades locales, relativamente aisladas y donde el comercio era lo excepcional, pueden imaginarse las altas cotas de incertidumbre que la transacción suponía. Había que confiar en aquellos con quienes se hacía la transacción.
Dinero e incertidumbre
Toda transacción conlleva una incertidumbre, por eso hace falta confianza. El dinero fue el principal instrumento de absorción de incertidumbre, ya sea confianza personal o confianza institucional directo o indirecta-protectora. Históricamente no fue fácil la extensión e institucionalización de los mercados, dando origen al sistema social mercado y, en definitiva, al capitalismo. Se tardaron siglos en ponerlo en pie. Y siempre hay facilonas y populistas voces dispuestas a darle una patada.
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El dinero fue el instrumento que vino a absorber, en mayor o menor medida, buena parte de tal incertidumbre. Y las distintas formas del dinero han ido cumpliendo tal objetivo, en función de cada uno de los contextos históricos. Lo hizo el dinero “crudo”, por seguir con la metáfora alimentaria. Ese dinero conformado por monedas de metales preciosos -oro o plata- cuyo valor se aproximaba al del metal con el que estaban hechas.
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Después, la historia puede contarse también como la narración de las diversas formas de cocción del dinero que se han sucedido. Desde esta perspectiva de pájaro que sobrevuela rápidamente la historia, el dinero digital puede considerarse ya un dinero procesado. Con grandes dosis de procesamiento. Ya no vemos monedas, ni billetes firmados por el máximo responsable del banco central de turno, que nos aseguraba así su valor. Cobramos en la cuenta que vemos en internet y pagamos con teléfonos móviles. Dinero altamente procesado. Las stablecoins suponen un paso más. El dinero ultraprocesado.
Como los alimentos ultraprocesados, las stablecoins son productos elaborados industrialmente con numerosos ingredientes y aditivos, con el azúcar añadido de un respaldo en activos líquidos en una moneda fiat altamente reconocida. Como los ultraprocesados, las stablecoin son sabrosas, pueden conservarse fácilmente, ya que están hechas para tener una larga vida útil. Es lo que está en la primera línea de las bandejas del frigorífico, cuando no sabemos lo que tenemos en casa para comer.
Con ellos y ellas, vamos tirando. Puede ser que su valor nutricional sea bajo y que no conviene alimentarse únicamente con ultraprocesados. Tampoco la economía se alimentará únicamente de ultraprocesados y las stablecoin compartirán su uso con otros instrumentos. Pero, para pequeñas economías globalizadas y países con fuerte inflación, su “ir tirando” es fundamental. Cuestión de supervivencia.
La economía real
Como ocurre con los alimentos ultraprocesados, las stablecoins reciben declaraciones en contra de todos los sitios. Desde la economía tradicional, temiendo que la conformación del dinero y, en cierta forma, de las políticas económicas, se escape de las autoridades gubernamentales o supragubernamentales.
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Resulta paradójico que la defensa actual de las stablecoin, para fomentar las realizadas en la “moneda propia”, se haga desde marcos vinculados a la soberanía y las estrategias económicas nacionales o supranacionales: alimentar las stablecoin en dólares, para garantizar la fortaleza del dólar; en euros, para sostener la independencia “de otras monedas”.
Desde posiciones asimismo tradicionales, se suele añadir habitualmente la coletilla de que este nuevo dinero no representa la economía real. Una acusación dirigida contra todo lo que huela a dinero producido desde la tecnología blockchain. Una posición que asume y, sobre todo, simula la existencia de una economía real que va más allá de los trabajos y los intercambios diarios de la gente. Si los ciudadanos utilizan las stablecoin es porque están en la economía real.
La tokenización
También son rechazadas las stablecoins por voces cripto. Como si supusieran una especie de tergiversación o, incluso, traición al proyecto original cripto. Como si usaran una tecnología diseñada para lo cripto, la tokenización, para hacer cosas contrarias a lo que marcaba el proyecto fundacional cripto en general y bitcoin en particular.
A pesar de ello, aquí están las stablecoins. Con una estabilidad que parece ir más allá de su nombre. Son el tipo de dinero que necesita una economía en la que la globalización llega a todos los rincones del planeta, insertándose en pequeñas y medianas empresas y en trabajadores free-lance, empleados por sus servicios profesionales desde todos los rincones.

