La ONCE, organización española centrada en mejorar la calidad de vida de las personas con discapacidades graves en general y con discapacidades visuales en particular, ha lanzado una campaña de anuncios publicitarios en los que incluye referencia a bitcoin. No quiere decir esto que esta organización haga una apuesta material por las criptomonedas. Se desconoce que tal apuesta existe.
La cuestión está en que el mensaje, emitido por una entidad con un capital simbólico muy relevante, es un nuevo indicio de la inscripción de la criptomoneda en nuestra cultura. Al fin y al cabo, la publicidad nos dice lo que queremos oír. Nos legitima, para conseguir legitimar su propuesta. En este caso, legitima un bitcoin como moneda común del futuro.
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Se trata de una campaña en clave de humor. Las retóricas publicitarias dominantes en la actualidad son las del humor y del reto. Las dos maneras dominantes de fijar la atención, son la comicidad complaciente con guiños de complicidad o retando al receptor y su identidad. En la publicidad de la ONCE, se opta por la primera, que ha estado bastante presente en sus campañas de los últimos años vinculadas a sus distintos sorteos del cupón.
Hay que subrayar que los principales ingresos de esta organización vienen de las distintas loterías que ponen en marcha. Además de la red de vendedores de cupones y otro tipo de sorteos da empleo a un buen número de personas con discapacidades graves. Entre lo que promueve, el sorteo más popular en la actualidad es el de los denominados “rascas”, que son los que protagonizan el mensaje al que nos referimos.
La campaña que incluye referencia a bitcoin es la presidida con el eslogan: “¿Cómo serán los rascas de la ONCE dentro de 100 años?”; que tiene otra versión: “¿Cómo serán las loterías de la ONCE dentro de 100 años?”. Una pregunta a la que responde, en cada anuncio, con distintas combinaciones de situaciones humorísticas.
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En esta nueva campaña, la ONCE se pregunta cómo serán sus juegos y rascas dentro de cien años. Lo curioso es que, en las posibilidades que los personajes barajan, todas ellas se marcan como si fueran juegos “virtuales”, en el que se juegan a sus rascas “con el pensamiento” o “parpadeando”. Rascaremos por telepatía… los rascas serán hologramas… Y el Eurojackpot se jugará en todo el sistema solar…. «. Pues bien, también hay un: «Los premios serán en bitcoins». Una frase que tiene su miga o, como diría un semiólogo demodé: pone en marcha una potente cadena de connotaciones.
En primer lugar y más allá del evidente mensaje que sitúan los actuales sorteos de la ONCE como una institución casi eterna, la connotación del guiño de complicidad. Asume que todos los receptores saben que hay algo que existe a lo que se llama bitcoin. Bitcoin como entidad naturalizada y compartida. Tal vez sean muy pocos los que saben cómo funciona, como tampoco sabemos la gran mayoría cómo funciona un automóvil; pero lo importante es el reconocimiento inmediato del significante. Bitcoin ya es reconocido por todos. Es más, quedará en mal lugar el adulto, más allá de que esté dispensado por su senectud, que pregunta: ¿qué han dicho? ¿Qué es eso de “bit-co-in”?
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Los segundos eslabones de las cadenas de connotaciones suelen ser los más importantes. Los que fijan la ideología del mensaje, como apuntaba Roland Barthes en sus memorables Mitologías . Uno de ellos subraya la identificación de la criptomoneda, bitcoin, con el concepto de premio. Bitcoin es un premio, una fuente más o menos extraordinaria de recompensa por algo que se ha hecho. Bitcoin entra en la esfera de los logros.
El otro eslabón de connotaciones es el que sitúa a bitcoin como una moneda común, de muy extensa y legitimada circulación. La que vendría a sustituir, en ese hipotético futuro, a los actuales euros, como éstos sustituyeron a las anteriores pesetas. De esta manera, a los lomos del mensaje de la ONCE, bitcoin coloniza el futuro: lo hace cotidianamente presente. Como si ya se asumiese ese futuro, como si ya estuviera presente. Si el futuro es algo, es una selección en el presente para los potenciales mañanas. El futuro sólo está en el presente o el pasado, lo que se decía del futuro en el pasado. Pues bien, la ONCE ha puesto bitcoin en el futuro del presente. No será el euro digital. Es bitcoin.
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La ONCE no es cualquier cosa. Es, sobre todo, una entidad de la que uno se siente orgulloso como país. Y últimamente no sobran muchas. En estos momentos de extendida desconfianza institucional, donde es difícil depositar expectativas en partidos políticos, bancos, ministerios, ayuntamientos, empresas, medios de comunicación, religiones… ni siquiera en tu equipo de fútbol, ahí está la ONCE. Y con la ONCE, ahora está bitcoin.
En la Grecia clásica, el adivino de Tebas, Tiresias, decía que el futuro, era ciego… Ahora también son los ciegos los que nos dicen el futuro.

