Hay consolas que se hackean y pasan sin pena ni gloria. Pero lo ocurrido con PlayStation 5 en la última semana de septiembre ha despertado especial interés. El desarrollador Nathan Fargo publicó Relapse, una cadena de exploits que permite ejecutar software no autorizado por Sony en consolas con firmware entre las versiones 7.00 y 13.60, según Ars Technica. Quedan fuera las actualizadas a la versión 14.00, publicada el 16 de septiembre.
Malestar por las decisiones comerciales de Sony
Para quien no esté familiarizado con este tipo de modificaciones, el procedimiento resulta sorprendentemente sencillo: cambiar el DNS de la consola, abrir la guía de usuario y cargar una página web. A partir de ahí, el sistema instala un cargador que permite ejecutar programas no firmados por Sony. Sin embargo, la documentación del proyecto advierte de que el proceso puede bloquear la consola y debe repetirse después de cada reinicio, porque el acceso permanece únicamente en la memoria. Su facilidad de uso no significa que permita hacer cualquier cosa con la PS5 ni que esté libre de fallos.
El lanzamiento coincide, además, con un creciente malestar por las decisiones comerciales de Sony. En abril de 2026, la compañía encareció la PS5 en todo el mundo y, desde el 20 de mayo, elevó las cuotas mensuales y trimestrales de PlayStation Plus. También sostiene ante un juzgado federal que sus clientes adquieren licencias de uso, no la propiedad de los juegos que compran. Relapse llega así en un momento en el que el precio de jugar y el control sobre lo comprado están en el centro del debate.
Liberando a la PS5 de sus cadenas
Nathan Fargo, conocido en la escena como ntfargo, no partió de cero, sino que encadenó dos fallos conocidos con una ingeniería muy cuidada. La primera etapa ataca JavaScriptCore dentro de WebKit, el motor del navegador oculto de la consola que también muestra la tienda y las guías, combinando una fuga de memoria con un defecto en la copia de objetos complejos que corrompe un array tipado y entrega acceso a memoria prohibida. La segunda etapa explota una condición de carrera en la función aio_multi_wait, una función del subsistema de entrada y salida asíncrona heredado de FreeBSD que sostiene Orbis OS, para lograr lectura y escritura sobre el núcleo, según el análisis técnico de Pasquale Pillitteri.
El método de entrada parece un truco de otra época por lo sencillo que resulta. Basta con apuntar el DNS principal a 45.56.67.85, abrir la guía de usuario de la consola y escribir la dirección de la página del exploit en la caja de URL, tal como difundió la cuenta de escena ApolloHB tras la publicación. Cuando la cadena tiene éxito, la consola deja escuchando un cargador ELF en el puerto 9021, la puerta por donde entran los programas caseros, los emuladores y las copias de seguridad de juegos legítimos para uso personal.

¿Qué se puede hacer con una PS5 abierta?
Conviene matizar que la solidez atribuida a Relapse proviene de la propia escena, que le otorgó más de mil estrellas en GitHub en pocos días y lo considera estable frente a anuncios inflados del pasado. El repositorio cita explícitamente a investigadores históricos como TheFlow, Flatz, Sleirsgoevy, ufm42 y Sonic_Iso, lo que indica continuidad con años de trabajo sobre PS4 y PS5 en lugar de un hallazgo aislado. Esa herencia explica por qué el exploit cubre un rango tan amplio de firmwares, desde 7.00 hasta 13.60, tanto en modelo estándar como en PS5 Pro.
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Con acceso al núcleo, la consola deja de ser un electrodoméstico cerrado y se comporta más como un ordenador bajo tu control. La escena utiliza Relapse para volcar sus propios discos y ejecutar copias de seguridad sin pasar por el lector en cada arranque, para correr homebrew como gestores de archivos y reproductores alternativos, para aplicar mods no oficiales de 60 fotogramas por segundo a juegos de PS4 y para probar emuladores de sistemas clásicos. Los desarrolladores trabajan además en una implementación completa de Linux para PS5, aunque hoy esa vía sigue limitada a firmwares antiguos hasta 7.61, según precisa Ars Technica en su cobertura del lanzamiento.
Cada juego exige el firmware vigente en su lanzamiento
La diferencia es importante frente a los exploits anteriores que arrastraba la escena desde hacía años. Proyectos como P2JB en su versión 2.6 o Y2JB en la 1.5, basados en la aplicación de YouTube como puerta de entrada, solo alcanzaban firmwares hasta 12.40 y exigían procesos que podían alargarse más de media hora con cuelgues frecuentes, según el seguimiento de Nydus en mayo de 2026. Relapse eleva el techo hasta 13.60 de julio de 2026, funciona en segundos cuando la cadena engancha y abre la puerta a muchos más títulos, porque cada juego exige el firmware vigente en su lanzamiento y la base de datos comunitaria de requisitos confirma esa compatibilidad ampliada.
Después de todo, la mejora técnica tiene un reverso que el propio repositorio subraya sin paños calientes. La etapa WebKit puede necesitar varios intentos y recargas si el navegador se congela, la etapa del núcleo puede colgar la consola y obligar a reiniciar, y todo lo logrado se pierde al apagar, de modo que hay que repetir el ritual en cada encendido. No existe custom firmware persistente para PS5 ni degradación oficial de firmware, así que quien ya actualizó a 14.00 no puede volver atrás para usar Relapse por mucho que quiera.
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La reacción de Sony entre parches y tribunales
Sony respondió como suele hacer la industria ante cada jailbreak público, con silencio oficial y parche rápido. El firmware 14.00 distribuido el 16 de septiembre de 2026 cierra el agujero al actualizar el código vulnerable, de modo que las consolas recién salidas de fábrica o actualizadas por descuido quedan fuera del alcance de Relapse. El patrón resulta familiar para quien siguió la historia de PS3 y PS4, donde cada exploit de TheFlow o Flatz terminaba corregido en la siguiente versión de sistema sin rediseñar por completo la superficie de ataque que suponen el navegador y el núcleo.
El frente judicial añade una tensión distinta que va más allá del parche técnico. Cuatro clientes demandaron a Sony en junio de 2026 en California por el botón Comprar ahora, al entender que sugiere propiedad sobre juegos digitales que en realidad son licencias revocables. La compañía respondió el 21 de agosto que no resulta plausible que un consumidor razonable creyera estar obteniendo propiedad, según recoge Decrypt. La investigadora Primavera De Filippi resume el fondo del litigio al recordar que la plataforma conserva siempre el control del activo digital, por mucho que el usuario haya pagado por acceder a él.
Cómo Sony exprimió el bolsillo del jugador
Aquí es donde el hack adquiere protagonismo más allá del truco técnico. Relapse no discute qué posees en la tienda, sino qué puedes hacer con la máquina que ya pagaste y tienes en el salón. Esa distinción entre propiedad de la tienda y control del hardware explica por qué la escena celebra cada avance como una devolución parcial de poder al usuario, aunque sea al precio de quedarse anclado en un firmware viejo y renunciar a los lanzamientos que exijan versiones posteriores, incluido el esperado GTA VI cuando pida un sistema más reciente.
Para entender el enfado conviene repasar la secuencia de precios con cifras concretas, porque no hablamos de un ajuste aislado. Sony anunció el 27 de marzo de 2026 una subida mundial de PS5 vigente desde el 2 de abril, justificada por las presiones continuas de la economía global, que en Estados Unidos elevó la edición digital de 499 a 599 dólares y la PS5 Pro de 750 a 899 dólares, con el reproductor Portal en 250 dólares, según detalló Bloomberg Línea. Se trataba del segundo incremento en menos de un año tras el de agosto de 2025, una trayectoria insólita en una industria donde el hardware solía abaratarse con el tiempo.
Las cuotas de PlayStation Plus
Apenas un mes y medio después llegó el segundo golpe, esta vez al servicio. Sony comunicó el 18 de mayo de 2026 que desde el 20 de mayo subirían las cuotas de PlayStation Plus para nuevos clientes en regiones seleccionadas por las condiciones actuales del mercado. En España, el plan Essential mensual pasó de 8,99 a 9,99 euros y el trimestral de 24,99 a 27,99 euros, mientras Extra y Premium mensuales subieron dos euros hasta 15,99 y 18,99 euros respectivamente, según el seguimiento de El Chapuzas Informático. Los suscriptores activos conservan la tarifa salvo cambio o caducidad, salvo en Turquía e India, pero quien vuelve tras una pausa paga ya el precio nuevo.
El contexto empresarial ayuda a leer la estrategia sin caer en el simplismo del villano de película. La división de videojuegos preveía una caída anual de ventas del 6 por ciento hasta 4,42 billones de yenes por el menor tirón del hardware en su sexto año, compensada con un aumento del 30 por ciento en beneficios gracias a software propio y al fin de provisiones como la ligada a Bungie, según recogió IGN. A eso se suma la escasez de memoria provocada por el auge de la inteligencia artificial, que según la propia Sony deja en el aire la fecha y el precio de PlayStation 6. Subir consola y servicio antes del tirón de GTA VI, que exigirá Plus para su online, maximiza ingresos justo cuando más jugadores nuevos asoman.
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¿Por qué la piratería vuelve a sonar como salida?
Cuando el hardware sube dos veces en un año y el online obligatorio se encarece, parte de la comunidad hace cuentas con la calculadora en la mano. Un jugador que compró su PS5 en 2020 por 399 o 499 euros, paga el Plus anual de 71,99 a 151,99 euros según nivel y suma juegos a 79,99 euros, supera fácilmente los mil euros de coste total antes de contar el mando extra. En foros y redes se repite la misma queja, que el ecosistema PlayStation se encareció de forma notable a lo largo de esta generación mientras la suscripción sigue siendo obligatoria para jugar online en 2026.
En cualquier caso, conviene no confundir comprensión con apología, porque el atajo del hack tiene peajes muy concretos. Sony puede banear de forma permanente tanto la cuenta como el identificador hardware de la consola, lo que borra el acceso a PlayStation Network y a los juegos digitales ya comprados en ese perfil, tal como advierte el propio repositorio de Relapse. A eso se añade el coste de oportunidad de quedarse congelado en firmware 13.60, fuera de los parches de seguridad, del juego online y de los estrenos que pidan 14.00 o superior, una elección áspera entre libertad local y actualidad.
Riesgos reales antes de tocar el DNS
La diferencia es importante respecto a la piratería de hace veinte años, porque hoy el debate mezcla propiedad, preservación y servicio. Quien defiende el hack habla de copias de seguridad de discos que ya posee, de mods que rejuvenecen clásicos de PS4 y de homebrew que alarga la vida útil del aparato. Quien lo critica recuerda que cada copia sin licencia resta ingresos a estudios que tardan cinco años en entregar un triple A y que el online necesita servidores que alguien paga. Ambas razones conviven y ninguna desaparece por ignorar a la otra.
Si te tienta probar Relapse por curiosidad técnica, al menos hazlo con los ojos abiertos y sobre hardware tuyo en una región donde la investigación sea legal. El exploit vive en memoria y exige repetirlo tras cada apagado, la etapa WebKit puede congelar el navegador y la etapa del núcleo puede provocar un kernel panic que obligue a un reinicio duro. El repositorio habla de posibles fallos del sistema y pérdida de datos, así que una copia externa de tus partidas y la desactivación de las actualizaciones automáticas son el mínimo antes de empezar.
Jugar con una consola hackeada
El riesgo disciplinario pesa tanto como el técnico. Jugar con una consola hackeada conectada a la red expone la cuenta principal al baneo, y los baneos por hardware no se resuelven creando otro perfil, porque la máquina queda marcada. La escena veterana recomienda separar cacharros, mantener la consola principal limpia y actualizada para el online y las compras, y reservar el aparato para pruebas sin vincularlo a la cuenta donde guardas cientos de euros en juegos. Esa higiene no elimina el riesgo, pero al menos evita que un experimento arruine tu biblioteca.
Hay que recordar cómo funciona el ciclo de parches para no llamarse a engaño sobre el futuro. Sony cerrará la condición de carrera en cuanto pueda distribuirla a toda la flota, la escena buscará la siguiente grieta en el navegador o en el hipervisor y el gato y el ratón seguirá su curso, como ocurrió con PS3 tras el fallo criptográfico de 2010 y con PS4 durante años. Relapse unifica en un solo proyecto un rango inédito de firmwares, pero no es un punto final, sino una ventana que el firmware 14.00 ya empezó a cerrar el pasado septiembre.
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Lo que el hack deja al descubierto sobre el modelo PlayStation
Relapse pasará a la historia como el exploit que democratizó el hack de PS5 al bajarlo de la media hora de YouTube a unos segundos de navegador, pero su verdadero legado apunta al modelo de negocio. Una consola que sube de precio en lugar de bajar, un servicio online obligatorio que se encarece por oleadas y una tienda donde pagas por licencias que no posees componen un cóctel que empuja a una minoría ruidosa hacia la trastienda técnica. Sony protege con ello sus márgenes en la recta final de la generación, a cambio de erosionar la percepción de trato justo que sostuvo a PlayStation durante décadas.
Habrá que esperar a las cifras de baneos, al ritmo de adopción del firmware 14.00 y a la letra pequeña de GTA VI para saber si la ventana de Relapse fue una anécdota de escena o un síntoma duradero. Lo que ya nadie discute es que el control total sobre hardware y tienda tiene un límite psicológico, y que cada euro añadido a la factura acerca ese límite un poco más. Cuando la llave maestra cabe en un cambio de DNS, la mejor defensa de una plataforma sigue siendo la de siempre, ofrecer tanto valor por el precio que el atajo deje de compensar.

