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Deuda pública tokenizada, tres modelos de tokenización europea

El MEDE coloca 1.000 millones en Pontes, Italia quiere su deuda en la blockchain y España lo propone. Tres modelos y los mismos problemas pendientes.

Deuda pública tokenizada, tres modelos de tokenización europea
Deuda pública tokenizada, tres modelos de tokenización europea

Europa ya no discute si la deuda pública puede emitirse en un registro distribuido. Discute cómo, quién cobra por hacerlo y qué parte del sistema financiero tradicional se queda fuera. El Fondo Europeo de Estabilidad colocó en octubre su primer bono nativo digital por 1.000 millones de euros, con liquidación entrega contra pago a través de Pontes, la plataforma del Eurosistema que llevaba cinco semanas en funcionamiento.

La operación tiene números concretos. Tres años de plazo con un cupón del 3,375% que vence el 8 de abril de 2030. Recibió órdenes por 2.200 millones, más del doble del importe ofrecido. El Bundesbank actuó como agente emisor y de pagos, el bono se emitió en la plataforma D7 de Deutsche Börse y DZ BANK, HSBC, Santander y Société Générale actuaron como bancos directores, con las dos primeras entidades con funciones adicionales de asesoría digital.

Lo interesante no es la cifra, que en el mercado de bonos europeo es modesta. Lo interesante es que el comprador final no tuvo que saber nada de blockchain. Los inversores reciben el título en el sistema convencional de Clearstream y lo mantienen en las mismas cuentas que cualquier otro bono. La tokenización ocurre en una capa que el cliente ni ve. Ese diseño contrasta con dos proyectos que van por otra vía. Italia quiere llevar su deuda pública a la cadena a través de un consorcio de pagos con stablecoin propia, y en España la propuesta ha llegado por vía política, con un eurodiputado pidiendo emitir deuda tokenizada y la CNMV autorizando plataformas para negociar acciones y bonos digitalizados. Tres estrategias que dicen lo mismo con instrumentos distintos.

El modelo europeo apuesta por la plomería

La emisión del fondo de rescate se hizo en un esquema híbrido que merece explicación. Los bonos viven en un registro distribuido, la liquidación se coordina en Pontes y el efectivo se mueve por la cuenta TARGET del banco de liquidación. El ciclo es de cinco días desde la operación, el mismo que un bono convencional, lo que en la práctica significa que la infraestructura nueva no aceleró nada.

Esa elección es deliberada. El objetivo de las autoridades europeas no es ganar velocidad, es probar que la plomería funciona con dinero de banco central y sin cambiar el marco legal. Si el comprador recibe el bono en su cuenta de siempre y el pago se hace en moneda de banco central, la operación es jurídicamente equivalente a una emisión tradicional.

El ahorro, si llega, vendrá por otro lado y será difícil de cuantificar en una hoja de cálculo: la cadena de custodia se acorta y el ciclo de liquidación pierde puntos de contacto manual. Son beneficios reales y difíciles de cuantificar, que es justo lo que necesita un mercado que mueve billones y cambia de infraestructura una vez por década.

Hay una limitación que los propios participantes reconocen. En esta fase inicial, los tokens de efectivo tienen desventajas de diseño que afectan a la finalidad de la liquidación, y por eso los pagos directos en la cuenta del banco central resultan más fiables. La versión completamente tokenizada del ciclo llegará con una actualización futura de Pontes.

El modelo italiano quiere el mercado doméstico

Italia ha elegido un camino distinto y más ambicioso en el discurso. La red de pagos Bancomat integra a la fintech Hercle en su proyecto de stablecoin del euro, EUR.BANK, con un objetivo declarado que hasta ahora nadie había formulado con esa claridad: llevar deuda pública italiana a la blockchain.

El tamaño del mercado importa menos que la estructura. Un bono pequeño con liquidación impecable vale más como precedente que una emisión grande sin mercado secundario. Los emisores lo saben y por eso empiezan por operaciones controladas antes de mover volúmenes mayores.

La diferencia con el modelo europeo es el perímetro. Mientras el fondo de rescate emite un bono con liquidez institucional y colocación internacional, Bancomat apunta a su red de bancos y comercios domésticos, que es donde tiene ventaja competitiva y donde puede capturar comisiones. Si funciona, el Tesoro italiano tendría un canal de colocación minorista digital sin depender de la banca de inversión extranjera.

El atractivo político es evidente. Un país con una deuda superior a los 2,9 billones de euros tiene incentivos fuertes para buscar demanda nueva y para reducir el coste de colocación. La tokenización no cambia la solvencia, pero puede ampliar la base de compradores y mejorar la percepción de modernidad.

El riesgo también es evidente. Una stablecoin privada que compra deuda soberana crea una dependencia entre la moneda digital y el pasivo del Estado que los supervisores miran con lupa. Si el emisor tiene problemas de liquidez, el Tesoro se queda con un comprador menos en el peor momento. La entrada de Hercle en la red de pagos italiana está detallada en la cobertura del proyecto EUR.BANK, con los tres frentes de aplicación que plantea.

El modelo español todavía es una propuesta

La distancia entre una propuesta y una emisión se mide en años, no en meses. Y en ese intervalo se decide si el proyecto tiene comprador o se queda en diapositiva mientras el calendario político cambia de prioridades.

En España el movimiento ha llegado por dos vías separadas. La primera es política: el eurodiputado Fernando Navarrete planteó en octubre la posibilidad de emitir deuda pública tokenizada, una idea que en Bruselas suena razonable y que en Madrid todavía no tiene calendario.

La segunda es regulatoria y ya está en marcha. La CNMV autorizó a Bit2Me a negociar acciones y bonos tokenizados, lo que convierte a España en uno de los primeros países europeos con un marco operativo para instrumentos de renta fija digitalizados. No es deuda pública, pero es la infraestructura que haría falta para emitirla.

El dato que dimensiona el asunto es la deuda de las administraciones públicas españolas, que cerró agosto en 1,75 billones de euros, el 99,7% del PIB según el Banco de España. Cualquier mejora de una décima en el coste de financiación de ese volumen se mide en cientos de millones al año, y esa aritmética es la que mantiene viva la discusión política.

La distancia entre la propuesta y la emisión es grande. Emitir deuda tokenizada requiere una ley, un emisor dispuesto, una infraestructura de liquidación aceptada por el banco central y un mercado secundario con liquidez. España tiene la tercera pieza y le faltan las demás. La propuesta política de emitir deuda pública tokenizada sigue sin calendario, y el precedente operativo más cercano es la autorización de la CNMV a Bit2Me.

Lo que falta no es tecnología

Los tres modelos comparten un cuello de botella que no se resuelve con código. El mercado secundario de bonos tokenizados casi no existe, y sin mercado secundario un bono es un depósito a plazo con más papeleo. Los inversores compran para mantener, no para operar.

La segunda pieza que falta es la finalidad de la liquidación. Un sistema distribuido que no garantice que la transferencia es definitiva e irrevocable en el momento previsto obliga a mantener capas de conciliación y márgenes de seguridad. Eso borra buena parte del ahorro prometido.

La tercera es la contabilidad pública. Un Tesoro que emite en un registro distribuido tiene que integrar ese pasivo en su sistema de cuentas, en su declaración de deuda y en sus estadísticas. Ninguna de esas piezas está diseñada para activos que cambian de titular cada hora.

La cuarta es la más política. Si la deuda se tokeniza y se vende a minoristas, el Estado se expone a una base de acreedores volátil, con menos tolerancia a las malas noticias y más sensibilidad a los titulares. Los emisores soberanos han preferido históricamente inversores institucionales lentos por una razón.

¿Por qué el debate importa aunque no cambie nada mañana?

La emisión del fondo de rescate no va a transformar el mercado europeo de deuda en 2027. Lo que hace es fijar un precedente técnico y jurídico que otros emisores pueden copiar sin negociar desde cero con cada banco central.

Ese es el valor real de la operación. Europa ha demostrado que un bono soberano puede emitirse en un registro distribuido, liquidarse con dinero de banco central y llegar al inversor por los canales de siempre. Lo que no ha demostrado es que sea más barato, más rápido o más líquido.

La próxima prueba está en el calendario. Si más emisores supranacionales repiten el esquema, la infraestructura gana volumen y los costes fijos se diluyen. Si el experimento se queda en una operación anual de mil millones, la tokenización de la deuda pública será un escaparate y no un mercado. Y ese resultado dependerá menos de la tecnología que de la voluntad de los tesoros de mover su financiación a un riel nuevo.

José Maldonado

Autor

José Maldonado

Activista y bloguero de tecnología, software libre y blockchain.

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