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Ripple suma banco fiduciario a su oferta de servicios

La OCC aprueba Ripple National Trust Bank: custodiará activos institucionales y gestionará las reservas de RLUSD, que suma un supervisor federal.

Ripple suma banco fiduciario y las stablecoins, otro supervisor
Ripple suma banco fiduciario y las stablecoins, otro supervisor

La Oficina del Contralor de la Moneda de Estados Unidos aprobó Ripple National Trust Bank, la entidad con la que la compañía podrá operar como banco especializado bajo supervisión federal. Lo anunció su consejero delegado, Brad Garlinghouse, en la red social X el lunes por la noche, y el regulador lo confirmó con el visto bueno definitivo. Ripple solicitó la licencia en julio de 2025, recibió una aprobación condicional en diciembre y ahora cierra el proceso.

El banco no nace para captar depósitos ni para prestar dinero a particulares. Nace para dos tareas concretas: gestionar las reservas que respaldan RLUSD, la stablecoin de la compañía, y ofrecer custodia regulada a clientes institucionales. En la práctica, eso significa que una empresa que use la stablecoin para pagos o tesorería tendrá un banco con licencia federal al otro lado de la operación.

RLUSD seguirá emitiéndose desde la unidad que Ripple tiene bajo regulación del estado de Nueva York, Standard Custody & Trust Company. Esa duplicidad es deliberada y no un residuo burocrático: la stablecoin tendrá vigilancia estatal en su emisión y federal en su infraestructura de respaldo. Para un cliente institucional, esa doble capa es parte del argumento de venta.

La compañía lleva una década construyendo el discurso de que cripto y banca funcionan mejor juntos, y este movimiento es la versión operativa de ese discurso. La pregunta que queda es si un banco fiduciario marca la diferencia para el mercado o si es sobre todo un sello de legitimidad. La respuesta probable está en el medio.

Un banco con espíritu crypto

Un banco fiduciario administra bienes por cuenta de otros y no se financia con depósitos. Puede custodiar, actuar como fiduciario y prestar servicios de administración, y sus clientes suelen ser instituciones que necesitan un tercero regulado para guardar activos.

En el caso de Ripple, la primera tarea es la reserva de RLUSD. Ese fondo está compuesto por depósitos en dólares, valores del Tesoro estadounidense y otros activos equiparables al efectivo, y BNY custodia la mayor parte. La segunda es la custodia de activos digitales para clientes que operan en pagos, negociación y gestión de tesorería.

La tercera tarea, aunque no aparezca en el comunicado, es política. Un banco fiduciario permite a Ripple hablar con reguladores desde una posición distinta, porque deja de ser una empresa de software que emite un token y pasa a ser una entidad supervisada que además emite un token.

El tamaño de RLUSD

La stablecoin se lanzó en diciembre de 2024 y ha llegado a un valor de mercado de unos 2.500 millones de dólares, lo que la coloca entre las cincuenta mayores del sector. No compite con las dos grandes en volumen, y sí en la conversación institucional, que es donde Ripple ha colocado siempre su propuesta.

Esa cifra hay que leerla con el contexto del mercado de stablecoins, que este mes superó los 300.000 millones de valor agregado mientras el USDC perdía terreno. RLUSD es pequeña en comparación y tiene una ventaja que las grandes no tienen: un banco propio para gestionar su respaldo.

El detalle de las reservas importa porque es el punto donde más incidentes se han visto. Una stablecoin vale lo que vale su colateral, y la diferencia entre un fondo auditado con custodio independiente y una caja negra es la diferencia entre un instrumento financiero y una promesa.

La secuencia regulatoria

El calendario de Ripple con la OCC ha sido lineal. Solicitud en julio de 2025, aprobación condicional en diciembre del mismo año y visto bueno definitivo esta semana. Dos años de trámite son un plazo normal para una licencia bancaria, y el hecho de que haya llegado a término dice algo del apetito del supervisor.

Ese apetito no es aislado. La OCC acaba de finalizar su regla de la GENIUS Act para emisores de stablecoins de pago, con entrada en vigor el 18 de enero de 2027, y el país está construyendo el marco en tiempo real. Lo contamos al analizar la regla final de la OCC sobre stablecoins, donde el punto interesante era que la prohibición de pagar rendimiento se mantiene pero sin manual de aplicación.

En ese contexto, tener un banco propio deja de ser un adorno. Si la supervisión se va a hacer caso por caso, conviene tener una entidad con licencia que negocie esos casos.

La cara incómoda de la noticia

Un banco fiduciario federal para una compañía de cripto es una buena noticia para la compañía y no necesariamente para la competencia. Las entidades que llevan años esperando su propia licencia verán en esta aprobación un precedente y también un recordatorio de que el regulador elige con quién habla primero.

También hay una pregunta sin respuesta pública: cuánto capital va a tener el banco. La regla de la OCC para emisores de stablecoins exige mínimos individualizados con un suelo de cinco millones y un colchón operativo de doce meses de gastos, y esa exigencia se aplicará a entidades como esta.

El tercer punto es la concentración. Ripple emite la stablecoin, gestiona sus reservas a través de un banco propio y ofrece custodia a terceros. Son tres funciones que se refuerzan comercialmente y que, juntas, crean una dependencia mutua que un supervisor tendrá que vigilar con lupa.

¿Qué significa para el usuario de a pie?

Poco, en el corto plazo. RLUSD no está pensada para pagar el café, y su uso principal es la liquidación entre instituciones y el colateral en operaciones de mercado. Quien tenga XRP en una cartera no verá cambios en su día a día.

Lo que sí cambia es el suelo del debate regulatorio. Cuando una compañía del sector obtiene una licencia bancaria federal, el argumento de que cripto opera fuera del sistema pierde fuerza, y los reguladores que aún dudan tienen un ejemplo concreto con el que trabajar.

Para el mercado europeo la noticia tiene otra lectura. Bajo MiCA, las stablecoins deben cumplir requisitos de reserva y autorización que han dejado fuera a varios activos, y esa presión ya se ha traducido en retiradas concretas, como la de catorce criptoactivos que Coinbase dejó de admitir en Europa. Con Estados Unidos avanzando en paralelo, la conversación sobre dónde domiciliar una stablecoin cambia de tono.

Lo que falta por ver

El banco acaba de recibir el visto bueno y aún no ha empezado a operar. Lo primero que se verá es qué clientes institucionales firman, y lo segundo, si la estructura de reservas de RLUSD cambia de forma con la nueva entidad en la ecuación.

También queda por ver si el modelo se copia. Si otras emisoras de stablecoins piden licencias equivalentes, el mapa del sector se parecerá más al de la banca que al de las fintech. Si no, Ripple habrá comprado una ventaja que el resto no puede pagar.

La apuesta de Garlinghouse lleva años siendo la misma: que la regulación no es un obstáculo, sino un foso defensivo. Esta semana ha conseguido el permiso que hacía falta para demostrarlo, y ahora le toca enseñar que el foso tiene agua.

Queda un detalle que no aparece en ninguna nota de prensa y que va a decidir el tono de los próximos meses. Una licencia bancaria no solo abre puertas: también crea obligaciones de reporte, auditoría y supervisión que una fintech puede esquivar y un banco no.

Si Ripple cumple con ese régimen sin sobresaltos, el sector tendrá un modelo que copiar. Si los exámenes del supervisor encuentran grietas, el experimento servirá para que otros se lo piensen dos veces antes de pedir el mismo papel.

José Maldonado

Autor

José Maldonado

Activista y bloguero de tecnología, software libre y blockchain.

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