Diez asociaciones del sector cripto europeo han firmado una carta, fechada el 23 de octubre, para pedir a los legisladores de la Unión que las stablecoins autorizadas bajo MiCA sigan siendo elegibles como medio de liquidación y como colateral en los mercados tokenizados; en la lista de firmantes hay 10 entidades de seis países. La misiva, coordinada por Blockchain for Europe junto a ADAN, Alastria, Bundesblock, el Crypto Council for Innovation, la Electronic Money Association, el European Ethereum Institute, INATBA y otras entidades, responde a las propuestas que se discuten en el marco del reglamento sobre infraestructuras de mercado.
El debate técnico se entiende mejor con un ejemplo. Si un bono tokenizado se compra y se vende en una infraestructura regulada, alguien tiene que pagar y alguien tiene que responder del riesgo mientras la operación se liquida. Hacerlo con una stablecoin en euros parece natural; si la norma deja fuera esos tokens, la operación tendrá que resolverse con dinero tradicional y la tokenización pierde la mitad de su sentido.
El punto de fricción no es si las stablecoins son seguras, sino qué se considera dinero a efectos de liquidación en un mercado que la Unión lleva años intentando digitalizar. Las asociaciones sostienen que excluir los tokens de dinero electrónico autorizados por MiCA rompe la coherencia entre dos reglamentos que deberían encajar.
Una petición clara
La petición tiene tres patas. La primera es que las stablecoins conformes con MiCA mantengan su elegibilidad para liquidar operaciones en los mercados tokenizados. La segunda es que puedan usarse como colateral en esas mismas infraestructuras. La tercera es que el marco no obligue a los participantes a elegir entre cumplir MiCA y cumplir la normativa de mercados.
Esa tercera pata es la que más incomoda a la industria. Si un emisor autorizado en Europa no puede operar en la infraestructura europea, la autorización pierde valor comercial y el emisor tiene incentivos para domiciliarse donde el marco sea más simple.
Las asociaciones también señalan el riesgo de fragmentación. Un mercado tokenizado que solo acepta dinero de banco central o depósitos comerciales deja fuera a los emisores de dinero electrónico, que son precisamente los que MiCA diseñó para este uso.
| Punto |
Qué defiende el sector |
Qué riesgo ve |
| Liquidación |
Que las stablecoins de MiCA puedan liquidar operaciones |
Que se obligue a usar solo dinero tradicional |
| Colateral |
Que sirvan como garantía en mercados tokenizados |
Que pierdan utilidad financiera |
| Coherencia normativa |
Que MiCA y las reglas de mercado encajen |
Que el emisor deba elegir entre regímenes |
| Competencia |
Que el emisor europeo pueda operar en Europa |
Que se domicilien fuera por facilidad |
La importancia del colateral
Usar un activo como colateral significa aceptarlo como garantía mientras se cierra una operación. Es una función más exigente que pagar, porque el que lo acepta asume riesgo de crédito y de liquidez sobre ese activo durante un tiempo.
Que una stablecoin en euros sirva como colateral reduce la necesidad de convertir a dinero tradicional en cada paso y baja el coste de las operaciones pequeñas, que es donde la tokenización tiene más sentido económico. Si no sirve, cada operación necesita una conversión y el ahorro desaparece.
Ahí está el núcleo del debate: no es una cuestión ideológica sobre cripto, es una cuestión de eficiencia en un mercado que la Unión quiere modernizar. Y esa eficiencia se mide en coste por operación, no en discursos sobre soberanía monetaria.
El contexto de MiCA
MiCA lleva meses aplicándose y su efecto más visible ha sido la retirada de activos que no cumplen. Lo hemos visto con la salida de catorce criptoactivos de Coinbase en Europa, una decisión que ilustra cómo el reglamento cambia el catálogo de las plataformas.
Ese endurecimiento era el precio de tener un marco común, y el sector lo aceptó porque daba acceso al mercado único. Ahora que las reglas están en vigor, la discusión se traslada a la segunda capa: cómo se conectan las stablecoins reguladas con las infraestructuras de negociación que también están reguladas.
Si esa conexión falla, la Unión tendrá dos sistemas completos que no hablan entre sí. Un emisor autorizado por MiCA que no puede liquidar en un mercado regulado es una autorización sin uso, y un mercado tokenizado que solo acepta dinero bancario no es un mercado cripto.
La comparación con Estados Unidos
Al otro lado del Atlántico, la OCC acaba de finalizar su regla de la GENIUS Act, con entrada en vigor el 18 de enero de 2027 y un enfoque más flexible en reservas. Lo contamos al analizar la regla final de la OCC, donde la prohibición de pagar rendimiento se mantiene pero sin manual de aplicación.
Esa asimetría presiona a Europa. Un emisor que compare ambos marcos ve que en Estados Unidos la supervisión se resuelve caso por caso y en Europa el texto es más rígido. Si además las reglas de mercado excluyen sus tokens, la conclusión es obvia.
Las asociaciones europeas lo saben y por eso la carta insiste en la coherencia interna antes que en comparaciones. Su argumento no es que Europa sea demasiado estricta, sino que sus propias normas se contradicen.
Lo que no dice la carta
La misiva no entra en el detalle que más preocupa a los supervisores: qué ocurre si una stablecoin usada como colateral pierde su paridad durante una sesión. Ese escenario, que en dinero tradicional se resuelve con mecanismos de garantía, exige reglas claras en un mercado que opera todo el día.
Tampoco detalla cómo se tratarían los tokens de dinero electrónico emitidos fuera de la Unión, pero autorizados por equivalencia, un punto que afecta a los emisores que operan desde terceros países con pasaporte europeo.
Y no hay una propuesta sobre el papel del euro digital. El proyecto de moneda digital del banco central europeo avanza en paralelo, y su convivencia con stablecoins privadas en el mismo mercado es una pregunta que ningún texto ha resuelto todavía.
¿Qué esperar de la discusión?
El calendario legislativo europeo no es rápido, y una carta de asociaciones no cambia un texto por sí sola. Lo que sí hace es fijar la posición del sector antes de que los estados miembros cierren sus enmiendas.
Para el usuario final, el resultado se notará en lo que pueda hacer con sus euros digitales. Si las stablecoins sirven para liquidar y garantizar en mercados regulados, habrá productos con rendimiento y utilidad real. Si no, el mercado europeo de tokens se quedará en un ejercicio de emisión sin infraestructura donde moverse.
La discusión tiene además una lectura política. La Unión quiere mercados tokenizados sin perder el control del dinero, y las stablecoins privadas son el punto donde esos dos objetivos chocan. La carta de las diez asociaciones es una petición razonable que no resuelve el problema de fondo, y ese problema va a seguir sobre la mesa cuando cambie el comisario.