Cinco errores en un millón de operaciones, esa es la cifra que Quantinuum atribuye a Helios, su ordenador de iones atrapados, conviene leerla con cuidado, porque no habla de puertas físicas ni de puertas lógicas sueltas: habla de lo que falla un cúbit que ya está protegido por corrección de errores. La empresa la anunció el 19 de octubre de 2026, con una fidelidad lógica del 99,9995% en su comunicado de prensa.
El dato no llega solo. Quantinuum lo presenta como diez veces mejor que su propio récord de septiembre de 2026, logrado con otro código sobre el mismo hardware, y cien veces mejor que el mejor resultado publicado por otra modalidad, que atribuye a Google Quantum AI y a su sistema superconductor. Son cifras de la empresa y no de un laboratorio independiente, una distinción que pesa al comparar anuncios de fabricantes que compiten por el mismo tipo de contrato.
Lo que cambia el mapa no es el porcentaje, sino la pendiente que lo sostiene. Cada vez que el equipo subió la distancia del código, el error lógico cayó en torno a un factor de 12. Esa curva separa una demostración de laboratorio de una máquina capaz de amenazar criptografía, y Google cifraba en marzo de 2026 la factura para romper ECDSA-256 en menos de 1.200 cúbits lógicos, así que la pregunta útil es cuántos físicos hacen falta detrás de cada uno.
La diferencia entre error físico y error lógico
La puerta física de dos cúbits en Helios falla una vez de cada mil intentos, doscientas veces más que el cinco por millón del titular. Entre esas dos cifras vive el trabajo real de la corrección de errores.
La corrección consiste en medir de forma indirecta si el estado se ha torcido, repetir la comprobación muchas veces y corregir con el resultado, de manera que un grupo de cúbits físicos se comporte como uno lógico mucho más fiable. El código reparte la información entre varios cúbits, y por eso un fallo aislado en uno de ellos no basta para corromper el resultado que se quiere conservar.
El experimento usó un código de color, uno de los esquemas clásicos del campo, con distancias 3, 5 y 7 sobre los 98 cúbits de Helios, y evaluó el estado después de veinte rondas de corrección. La distancia mide cuántos cúbits físicos atraviesa la retícula de protección: a más distancia, más formas de detectar un fallo y más cúbits gastados por cada cúbit lógico que uno quiere conservar.
| Medida en Helios |
Tasa de error |
Lectura llana |
| Puerta física de dos cúbits |
1 × 10⁻³ |
falla una de cada mil veces |
| Memoria lógica a distancia 3 |
5 × 10⁻⁴ |
cinco fallos por cada diez mil rondas |
| Memoria lógica a distancia 5 |
4 × 10⁻⁵ |
uno por cada 25.000 |
| Memoria lógica a distancia 7 |
5 × 10⁻⁶ |
cinco por millón |
| Puerta lógica de dos cúbits a distancia 5 |
7 × 10⁻⁵ |
siete por cada cien mil usos |
Leída en orden, la tabla cuenta una progresión y también un techo. El salto de distancia 5 a 7 recorta el error lógico en un factor de ocho, pero Helios solo podía alojar un cúbit lógico de distancia 7 a la vez, así que lo demostrado es la memoria de un cúbit y no un procesador con varios lógicos conversando.
La pendiente importa más que el punto
El factor de 12 por escalón es la parte del anuncio que los físicos miran con más atención. Las demostraciones anteriores de otros laboratorios se quedaban cerca de un factor de dos al agrandar el cúbit lógico, y de esa pendiente sale la cuenta final: con un 2 hacen falta distancias enormes para alcanzar tasas útiles, mientras que con un 12 el error se hunde al añadir capas.
Hay un detalle que rara vez aparece en las notas de prensa. Los iones atrapados tienen un modo de fallo particular, la fuga hacia estados que no son ni cero ni uno, y el equipo midió una supresión de 6,5 veces por escalón, por debajo del 12 del error lógico pero suficiente para superar con holgura el punto de equilibrio.
La consecuencia práctica es aritmética pura. Si cada cúbit lógico necesita decenas de físicos, un algoritmo que pida mil lógicos se come decenas de miles de iones, y ahí el límite deja de ser la fidelidad para volverse capacidad de fabricación. Robin Blume-Kohout, codirector del laboratorio de rendimiento cuántico de Sandia, señaló en el propio comunicado que un cúbit lógico casi cien veces mejor que sus componentes permite pensar en tolerancia a fallos con menos de un millón de cúbits físicos.
Del reposo al cálculo
Guardar un estado es solo la mitad del problema, y la mitad fácil. Operar con él degrada la cifra: dos cúbits lógicos a distancia 5 ejecutando una operación sencilla fallaban unas siete veces por cada cien mil usos.
El resultado de la puerta lógica queda un orden de magnitud por encima del cinco por millón de la memoria, y cualquier algoritmo útil encadena miles de puertas de ese tipo. El récord describe el reposo del sistema y no su trabajo.
Falta otra pieza que este anuncio no toca. Las puertas que hacen universal a un ordenador cuántico consumen estados mágicos, un recurso que hay que fabricar con precisión parecida al resto, y el 15 de octubre de 2026 Google publicó en Science que el cultivo de estados mágicos funciona en su procesador Willow con una reducción de errores de unas 40 veces y una fidelidad lógica del 99,99%, según su blog técnico.
El calendario de la criptografía
El vínculo con las criptomonedas es indirecto y algo incómodo. El artículo que Google Quantum AI publicó en marzo de 2026 calcula que el algoritmo de Shor adaptado a la curva secp256k1 necesita menos de 1.200 cúbits lógicos y menos de 90 millones de puertas Toffoli, y que esos circuitos correrían en minutos con menos de medio millón de cúbits físicos en una arquitectura superconductora, según el propio trabajo.
Puestos en fila, los números asustan y calman a la vez. Helios tiene 98 cúbits, la factura estimada ronda el medio millón de físicos y la fiabilidad necesaria para encadenar 90 millones de puertas sigue sin demostrarse.
El mismo artículo advierte de que las primeras máquinas rápidas permitirían ataques al vuelo sobre transacciones en la mempool pública, el escenario donde la migración poscuántica deja de ser mantenimiento y se vuelve prisa, como ya plantea Zcash al querer arrancar 2027 con firmas resistentes.
Ahí está la asimetría que importa. Un cúbit lógico de distancia 7 es un prototipo de laboratorio; una cartera cuya clave pública lleva años a la vista es un objetivo que no necesita corrección de errores, solo tiempo de cómputo. Y el margen no lo decide solo la física: Vitalik Buterin sostiene que la IA puede romper la seguridad de las cripto antes que la computación cuántica.
La letra pequeña de un récord propio
Conviene bajar el tono del titular. La medición sale del fabricante y ninguna revisión por pares ha validado el resultado, así que el 99,9995% es hoy una cifra de parte. Dos matices que no salen en el titular: el mejor número se obtuvo en memoria y no en cálculo, y Helios solo sostenía un lógico de distancia 7 cada vez.
El campo, además, no avanza en una sola dirección. Un grupo de la Universidad de Ciencia y Tecnología de China publicó el 23 de octubre de 2026 en Nature Physics una corrección autónoma de errores que también cruza el punto de equilibrio en iones atrapados, con una coherencia de 78,5 milisegundos. Es otro camino y recuerda que el récord de Colorado puede quedar viejo en semanas.
Queda la fecha. Quantinuum sitúa Apolo, su máquina universal tolerante a fallos, en 2029, y el propio comunicado incluye el aviso legal de rigor: los resultados se obtuvieron en entornos experimentales y podrían no replicarse a mayor escala.
La lista de hojas de ruta que este campo ha visto retrasarse es larga, y ninguna se convirtió en un calendario contractual con clientes esperando máquinas que todavía no sabían fabricar. Con ese historial, 2029 funciona como dirección más que como billete.
La distancia entre un anuncio y el día día
Un anuncio de corrección de errores se mide en meses y una migración de firmas se mide en años. Cambiar el esquema con el que una red firma sus transacciones no es actualizar una biblioteca: hay que elegir el reemplazo, escribirlo en varios clientes, coordinar a los nodos y convencer a las carteras, mientras las direcciones antiguas siguen mostrando su clave pública.
Por eso el 99,9995% importa menos por lo que demuestra y más por lo que adelanta. Si el factor de supresión se mantiene y el número de cúbits físicos por lógico baja, el día en que un atacante con presupuesto estatal pueda intentarlo deja de ser ciencia ficción, y quien guarda bitcoin o ether en una dirección de la vieja escuela tiene menos margen del que sugiere el calendario de los laboratorios.