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La propuesta keynesiana de crear Bancor como moneda global, frente al dólar, guarda bastantes similitudes con las stablecoins. Bancor, como las monedas estables, también iba a estar referenciada a divisas fuertes.

El orden económico mundial todavía vive bajo la sombra de los acuerdos de Bretton Woods de 1944. Eran momentos en los que aún estaba caliente la Segunda Guerra Mundial, muchos países estaban endeudados y la hegemonía de un país, Estados Unidos, parecía clara. Puede asumirse que su principio era la fundamental aportación de una economía librecambista a la paz internacional, a partir del establecimiento de las condiciones que favorecieran los flujos de intercambio entre los países.

Se era consciente de que el proteccionismo había sido un factor desencadenante del conflicto bélico. Entre tales condiciones, se estableció una directamente vinculada con la forma del dinero, con la finalidad de que obtener un tipo de cambio sólido para generar confianza en las transacciones internacionales. Una forma de dinero que tuvo en el dólar estadounidense su vencedor.

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El dólar, tocado como moneda de referencia

Han pasado más de tres cuartos de siglo desde entonces. Mucho tiempo en el que tales acuerdos no han quedado indemnes. Sobre todo, el dólar como moneda de referencia ha ido quedando bastante tocada. Primero fue la Guerra de Vietnam, hace ya cincuenta años. Pero siguieron otros signos de tal debilidad, con sus consecuencias sobre la estabilidad en los tipos de cambio.

No obstante y salvo las regresiones proteccionistas vividas durante los últimos años, especialmente de la mano de la ahora finalizada administración Trump en Estados Unidos y –más reciente- con las primeras reacciones nacionalistas a la crisis del Covid19, el volumen de las transacciones internacionales no ha hecho sino crecer constantemente.

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Hablamos de globalización y es difícil pensar en campos productivos en los que sus cadenas de suministros no sean cadenas internacionales. Dependemos unos de otros: unos países de otros y, lo que tal vez sea más importante, unos ciudadanos de otros, en lo que es ya una unidad: el Mundo.

De Bretton Woods a la actualidad

Durante todo este camino de orden económico de Bretton Woods, han cambiado muchas cosas. Destacamos aquí la relevancia de dos actores. Por un lado, el actor Estado-nación. Su capacidad de acción ha quedado bastante debilitada. Debilitación por abajo, con las demandas identitarias regionales y locales, justificadas desde la reclamación de administraciones más próximas a los problemas de los ciudadanos. Y debilitación por arriba, ya que para actuar frente a los retos más importantes de nuestras sociedades, la actuación de estados-nación en solitario parece poco eficaz. Piénsese en emigración, cambio climático, terrorismo, pobreza, etc. De aquí la acumulación de demandas sobre las Organizaciones Internacionales. Otra cosa es que tales organizaciones hayan sabido o podido responder a las mismas adecuadamente.

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El otro actor debilitado es el dólar. Tal vez no haga falta recordar que se trata de una moneda nacional. Bien es verdad que otras monedas han tenido ambición de fortaleza, como el euro. Sin embargo, ni han conseguido desplazar al dólar como moneda preferente en las transacciones internacionales; ni parece que el horizonte de la propia Unión Europea esté del todo despejado. Es más, parece más bien oscuro.

China y las monedas digitales

En este panorama, reaparece un estado-nación fuerte, como es el caso de China, y se empieza a mirar hacia las monedas digitales. Todo ello en medio de un fuerte endeudamiento por parte de los países, acentuado por la crisis del coronavirus. Un endeudamiento en el que los acreedores son, además de la propia China, ciudadanos a través de distintos productos financieros, como los fondos. Un marco en el que parece cobrar sentido la opción del propio país asiático por la promoción del dinero digital; al mismo tiempo que desde distintos bancos centrales de países desarrollados se empieza a ver la viabilidad de la opción de monedas digitales emitidas –y gestionadas- por estos mismos bancos.

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Volvamos entonces al principio: ¿puede alguno de los estados-nación con mayor poder constituir su moneda, fiat o digital de su banco central, como referencia para las transacciones internacionales? Ni siquiera la propia China parece dispuesta a ello. Las esperanzas en Biden aparecen lastradas por el fuerte endeudamiento de la economía norteamericana. Ahora bien, sin una moneda de referencia fuerte capaz de estabilizar los tipos de cambio, puede empezar a aflojar el propio volumen de las transacciones internacionales, al menos fuera de determinados ámbitos regionales. Con ello, se vería amenazado ese tejido global de cadenas de suministros, lo que alimentaría las proclamas, ya recogidas a consecuencia de la crisis del coronavirus, de reindustrialización nacional y retrolocalización o vuelta a cadenas de suministro de corte nacional. Entonces, podría hablarse de encallamiento de ese orden económico mundial que surgió de Bretton Woods.

Bancor y las stablecoins

Hay que recordar que para esa reunión de julio de 1944 en el Hotel Mount, el economista Keynes tenía un plan consistente en la emisión de una moneda internacional a la que denominó Bancor. Quedaría sustentada por un órgano internacional, a crear, y vinculada a las divisas fuertes, de manera que podía cambiarse por las distintas monedas locales a un cambio fijo.

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¿No suena Bancor demasiado a las stablecoins, a las monedas digitales estables? En aquella reunión en Hampshire, estaban representados los estados-nación más poderosos. Por lo tanto, la institución en la que pensaba Keynes derivaría, por la vía del acuerdo, de ellos. No cabía otra cosa. Sin embargo, ahora, por la vía de los hechos, aparecen otros actores, como son las gigantes tecnológicas, especialmente norteamericanas y chinas. Actores que, en mayor o menor medida, tienen una stablecoin debajo de sus brazos económicamente muy armados, con cifras de capitalización muy por encima del Producto Interior Bruto de la mayoría de los países. Tal vez en el próximo Bretton Woods ya no se sienten un Eisenhower o un Churchill. Tal vez no se siente nadie, sino que se conecten a través de pantallas protegidas los Zuckergerg, Bezos, Page/Brin, Gates, Cook, Zhang.

Foto: International Monetary Fund, Public domain, via Wikimedia Commons

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Por Javier Callejo

Catedrático de Sociología en la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED), especializado en la observación empírica de los comportamientos de consumo y de la recepción mediática. También licenciaturas en Periodismo y Derecho

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