La nueva infraestructura financiera global DeFi equipara a usuarios y accionistas

ActualidadHistoriasUltimas noticias

Written by:

La nueva infraestructura financiera global que traen las DeFi (finanzas descentralizadas) coloca a los usuarios al mismo nivel que a los accionistas. Esto es así, porque en las DeFi, que también pueden definirse como un sistema de protocolos, la mayor parte del valor generado retorna al protocolo base y no a la aplicación. A su vez, el protocolo está dividido en pequeñas porciones de gobernanza conocidos como “tokens de gobernanza”, transferibles y con derechos de voto. Un concepto revolucionario, porque por primera son todos los usuarios y no solo los accionistas los que se benefician del éxito de un proyecto, como es el caso de un protocolo DeFi.

Es maravilloso ver cómo constantemente el mercado sustituye a líderes de sectores concretos para dar lugar a nuevas formas de empresa con modelos tecnológicos y de innovación mucho mejores. La magia de la competencia y del libre mercado es esta, que deja caer a los antiguos, con sus modelos tradicionales. Buenos en su momento, pero ineficientes al cabo de los años. Surgen empresas más jóvenes, más eficientes y mucho más competitivas. Al final, el mercado siempre busca aquellas empresas que más valor aportan a la sociedad. Es algo similar a lo que sucede en la naturaleza, que se deshace de lo viejo para dar lugar a lo nuevo. Parafraseando a Steve Jobs: “la muerte es una de las mejores innovaciones de la vida”.

Quizá, el sector que menos sigue esta regla de la naturaleza sea el financiero. Probablemente, el cambio más relevante es la mejora de la eficiencia de algunos procesos gracias a las FinTech. Las FinTech promueven la digitalización de los procesos, generando una “tendencia de coste 0” en los movimientos transaccionales.

De las FinTech a las DeFi

Como consecuencia, hoy nos encontramos en un escenario que pocos podían prever hace unos años. El sistema financiero se encuentra en plena disrupción debido a las FinTech, combinado con la llegada de la tecnología más disruptiva de los modelos financieros que hemos visto nunca: las DeFi. Las DeFi, o finanzas descentralizadas, son servicios financieros sobre las blockchains públicas con el potencial de transformar radicalmente el sistema financiero actual.

El actual modelo financiero podría definirse como una estructura de transmisión de dinero dividida en tres partes. En primer lugar, tenemos los Bancos Centrales. Estas instituciones se encargan de definir y modelar la política monetaria dentro de una nación o conjunto de naciones. Es decir, tienen el poder de manipular la oferta monetaria disponible.  Sus criterios siempre parecen encaminados a intentar estimular la economía y evitar momentos de crisis con grandes pérdidas de trabajo. 

También te puede interesar: Las altas comisiones por transacción consolidan a Ethereum como blockchain financiera

En una segunda capa se sitúan los bancos comerciales, que actúan como intermediarios entre los ciudadanos y el Banco Central. A través de ellos podemos guardar y transferir dinero, en formato digital, alrededor del mundo. Los bancos comerciales compiten entre ellos para acumular el máximo número de clientes y dinero depositado. Ello les otorga el poder para generar un modelo de negocio basado en préstamos y comisiones.

La reserva fraccionaria de los bancos comerciales

Los bancos comerciales tienen el derecho legal de prestar un dinero que no tienen, algo que se conoce como reserva fraccionaria. Es decir, tan solo tienen la obligación de tener depositado un x% del dinero que prestan (2% en la UE). Convirtiéndose así en la única empresa en el mundo con el derecho legal de estar en una bancarrota permanentemente, ya que si en algún momento tienen que devolver todo ese dinero, simplemente no podrían hacerlo.

Por último se sitúan los denominados bancos de inversión. Más que bancos son organizaciones con poder de generar vehículos de inversión como OPI’s, bonos corporativos… que sirven para “poner a trabajar tu dinero”. Consiguen trasladar los ahorros de los ciudadanos a estos activos de inversión, lo que les coloca en un situación de mucha responsabilidad. Si generan vehículos de inversión de mala calidad -y no informan correctamente de ello- pueden hacer desaparecer los ahorros de miles de personas. Podría decirse que algo similar sucedió en 2008 con la crisis de las preferentes. Estas prácticas poco éticas han llevado a algunos bancos de inversión a constituirse de nuevo como “bancos comerciales”. De esta manera, reciben los privilegios especiales de los bancos comerciales, que los hacen inmunes a prácticas como dar préstamos con dinero que no tienen.

El dinero

En definitiva, analizando muy a grosso modo el sistema financiero, vemos que se trata de un sector altamente centralizado. Con gran acumulación de poder y fuerza para desestabilizar una sociedad entera, al poder controlar y manipular el activo más importante de una economía: el dinero. 

Actualmente, formar parte de este sistema implica riesgos. Como el hecho de estar obligado a confiar, primero en que los bancos centrales no devalúen la moneda y quiten a los ciudadanos parte de su poder adquisitivo. Una situación que se produce cada vez que deciden estimular la economía con nuevas emisiones monetarias. El otro riesgo es que los bancos comerciales no hagan un uso lícito del dinero de los ciudadanos. Por ejemplo, que pierdan, bloqueen transacciones o congelen cuentas. En definitiva, los derechos financieros de los ciudadanos parecen colgar de un hilo.

Como consecuencia, el sistema financiero está centralizado y lleno de fricciones. Pero la dinámica cambió con la llegada de internet y otras tecnologías al mundo financiero, generando nuevo modelos de negocio bajo el paraguas de las FinTech. Se trata de empresas que se han unido al sistema como intermediarios, para facilitar y digitalizar muchos de los procesos actuales. El objetivo es buscar la eficiencia en las transacciones y en los movimientos financieros, creando una tendencia hacia costes 0 en muchos de los procesos. Aunque no han conseguido desplazar lo más mínimo los pilares del sistema financiero, sí han sido la primera innovación importante en esta industria.

Bitcoin, el origen de todo

La gran disrupción tecnológica para las finanzas apareció en 2009. Cuando un tal Satoshi Nakamoto regaló al mundo un protocolo informático que otorga a cualquier persona del mundo, sin excepción ni discriminación, el poder de guardar y transferir dinero sin necesidad de contar con bancos comerciales. Además, con políticas monetarias ya establecidas en el protocolo, haciendo innecesarios a los bancos centrales.

Con los años, esta simple idea ha ido evolucionando. Hasta el punto de aprovechar esta tecnología desintermediadora para generar aplicaciones sobre ella. Pudiéndose así crear productos financieros descentralizados. Es decir, estamos ante una tecnología capaz de recrear todo el mundo financiero de forma descentralizada. De manera más rápida, menos costosa y completamente abierta a todo el mundo, sin excepciones.

En definitiva, todo empezó con la aparición de Bitcoin, que permite conectarnos a un nuevo sistema financiero, al margen del tradicional. Algo revolucionario para los miles de millones de personas que no disponen de una cuenta bancaria y que, por tanto, les impide participar del sistema financiero tradicional. El de los bancos comerciales. En definitiva, Bitcoin es un protocolo de dinero que todo el mundo puede usar.

Generación de nuevas aplicaciones

En la actualidad, las ventajas de blockchains como Bitcoin o Ethereum asombraron al mundo. Algunos visionarios encontraron la posibilidad de usar esta tecnología como base tecnológica para desarrollar aplicaciones por encima. Es decir, crear aplicaciones para transferir valor sin intermediarios. De aquí nacieron las tecnologías DeFi. Las DeFi son protocolos que ofrecen los servicios financieros que encontramos en el sistema tradicional, pero de forma descentralizada.

Las principales diferencias de las DeFi con los servicios financieros tradicionales actuales es que son abiertas. Cualquier persona puede usar y beneficiarse de estos protocolos. Sólo es necesario un wallet y conexión a Internet. Por ejemplo, las personas desbancarizadas tienen la posibilidad de participar en un nuevo sistema financiero prácticamente a coste 0.

Son descentralizadas. Los protocolos no tienen un “propietario” o una organización detrás con el poder de cambiar las normas o interferir. En las DAO’s (organizaciones autónomas descentralizadas), su gobernanza; es decir, las decisiones sobre cómo va a avanzar el protocolo, se deciden conjuntamente entre los que participan en el protocolo. Además, utilizan políticas monetarias descentralizadas, que no son manipulables por instituciones y gobiernos.

Finanzas sin horarios, las 24 horas del día

No hay fricciones. Gracias a Blockchain y al sistema de transmisión de valor sin intermediarios son mucho más eficientes. No existen horarios. No cierran los fines de semana, como los mercados de valores. Otra ventaja es que todo es programable. Lo que permite generar productos que son inexistentes en el sistema tradicional e imposibles de desarrollar. Un claro ejemplo son los flash-loan o préstamos flash.

Las diferencias principales entre las FinTech y DeFi son muchas, pero las más importantes son dos: DeFi implica una descentralización completa de todos y cada uno de los procesos, incluso la gobernanza. Existe una versión menos purista, conocida como Open Finance, protocolos financieros programados sobre una Blockchain pero que funcionan de forma centralizada como los sistema actuales.

El valor del protocolo

La segunda gran diferencia es que los protocolos DeFi funcionan en un sistema nuevo, al margen del tradicional. Una FinTech en última instancia sigue dependiendo de Bancos Centrales y Comerciales, además de no ofrecer ninguna mejora en cuanto a las políticas monetarias y de forma de dinero utilizado.

Las DeFi también pueden definirse como un sistema de protocolos, ya que la mayor parte del valor generado retorna al protocolo base y no a la aplicación.
Al contrario que sucede en la mayoría de plataformas actuales, el valor de los sistemas descentralizados retornan al protocolo. A su vez, el protocolo está dividido en pequeñas porciones de gobernanza conocidos como “tokens de gobernanza”, transferibles y con derechos de voto. Se trata de un concepto revolucionario, porque por primera vez el éxito de un proyecto, como un protocolo DeFi, beneficia a todos sus usuarios y no solo a los accionistas.

El usuario, el nuevo accionista

Claramente, el incentivo es crear productos para la gente y no para los accionistas, ya que hará que el valor total del protocolo aumente aún más. No solo estamos ante unas finanzas abiertas al mundo. Estamos ante un core-design pensado para aportar valor al usuario, no a los accionistas. Sin duda, estamos ante una revolución.

En conclusión, DeFi representa una nueva infraestructura financiera global, que permite ofrecer los mismos servicios financieros que el sistema tradicional con ventajas competitivas importantes. El mayor sistema DeFi es Bitcoin. Nacido en 2009, con una capitalización 0 y un valor de 0,009$, a día de hoy cuenta con una capitalización de 170.000 millones de dólares y un valor de 9.958$.

No obstante, Ethereum es la principal Blockchain dónde se están desarrollando estos protocolos más complejos, que abarcan productos como lending, derivados o servicios de trading.

Arnau Ramió

*Director de Tutellus-Barcelona

También puedes seguirnos en nuestros canales de Telegram y Twitter 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *